Desde los primeros años de Facultad, tuve la “suerte” de transitar por asignaturas sumamente “importantes” y “trascendentes” para la formación de un “Eximio Médico”, como Anatomía, Histología, Bioquímica, Fisiología, pasando por otras tan diversas como extensas, para desembocar en ese producto final en el que me había convertido, que lo definiría someramente como “ente recopilador y detector de patologías poco frecuentes”.
Todo ese trayecto, me catapultó hacía un presente inevitable obligándome a establecer un balance de todo lo acontecido, a reflexionar sobre si cada escalón transitado realmente me había llevado al destino anhelado o, tan sólo, depositado en un camino perdido.
En este meditar sobre mi transcurrir universitario, me resultó casi imposible encontrar en el recuerdo, algún profesor que NO centrara su discurso en la importancia de abordar todas las estrategias posibles para curar y combatir las enfermedades. Aparentaba ser, todavía más complicado, encontrar algún docente que supiera explicarme cómo era posible ayudar al otro, a ese futuro paciente, a mantenerse sano.
En su lugar, se preocupaban por impregnar en mi memoria todo tipo de estrategia, procedimiento, recurso, método diagnóstico, cirugía, o fármaco que me permitiera identificar las diversas patologías, desde las más comunes hasta las más extrañas – priorizando siempre estas últimas, vaya a saber uno por qué -. Así fue como me enseñaron a ponerle nombre, apellido y apodo a cada una de las mismas y a corroborar, por último, su causa. El objetivo era poder derrotarla o, por lo menos, lograr disminuir el sufrimiento del paciente con el excelso fin de demostrar cuánto saber (y poder) debía ostentar un “Eximio Médico”.
Como sintetizaría mi amigo Nico Carbone en una frase un tanto críptica, pero no por ello poco certera: “La práctica médica se había sumergido en una relación asimétrica, en la que el pequeño Dios aparecía para brindar un milagro por el que nadie había rezado”.
Afortunadamente, gracias a la discrepancia respecto de esa visión sobre la medicina y el enfermar; y a la suerte de encontrar en el camino, algunos profesores “iluminados”, que salieran del patrón jurásico hegemónico y a algún compañero que también rechazara este paradigma dominante, pude ir encontrando en los recovecos de la misma Facultad, pensamientos que surgían desde las entrañas de la Medicina Familiar y de la Medicina Basada en la Evidencia que me ayudaron a descubrir otra realidad.
Fueron estas enseñanzas, las que aportaron algunas herramientas para volverme más crítico respecto de la información que me dictaban desde la Universidad. Eran pensamientos que trataban de enfocar su atención, no solamente en intentar resolver de la forma más adecuada y posible la problemática real de cada paciente, sino en sentir a ese otro que padecía, como una persona, en lugar de verlo como un objeto-enfermedad. Estas ideas, masticaban una medicina que priorizaba promover la salud en lugar de curar la enfermedad; que elegía estar al lado del paciente, en lugar de estar a merced de la técnica o el estudio complementario; que intentaba establecer un trato horizontal, en lugar de aquel vertical (militar-paternalista) tan arraigado.
Gracias a que esta “nueva visión” me fue reeducando hacia el final de la carrera, hoy estoy aquí intentando trasmitir esta mirada en esta sección sobre Salud, no solamente mediante los aportes que pueda ofrecer desde mi lugar, sino también de la mano de lo que se atrevan a compartir amigos-compañeros médicos o estudiantes de la salud al participar de este apartado.
Siempre con el objetivo de extender herramientas, información y educación basada en este nuevo concepto que es tratar de generar salud y mantenerla. Para que de esta manera, todo aquel que llegue a estos escritos, tenga – cuando menos – el acceso al primer escalón, que es el de forjar conciencia sobre aquellos aspectos que ayuden a mejorar su calidad de vida. Tratando deencuadrar el enfoque en favor de la prevención, en lugar de centrarlo en la enfermedad ya manifestada, ya que de esta forma estaríamos llegando tarde al objetivo cuando la idea es poder anticiparse.




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