Esta vuelta les traigo un texto de un gran médico, quien fue, no sólo uno de mis primeros mentores en medicina, sino también en el arte de guiarme hacia el enfoque de centrar la salud en el paciente y no en la enfermedad. Y todo ello, mucho antes aún, de iniciarme en la tan querida facultad de medicina.
Este pequeño apartado fue extraído de uno de sus libros que se titula “Paradojas existenciales”. Sin dudas, un libro que invita al lector a plantearse afirmaciones aparentemente contradictorias o inverosímiles, cuando en realidad resultan mostarar una atinada certeza. Aquí va una de las mismas:
“Los médicos no curamos ninguna enfermedad”
Tiempo atrás, una persona al conocerme, me pregunta: ¿Qué enfermedades atendés?. Le respondí: Ninguna. Entonces re-pregunta: ¿No sos médico? -Sí, pero nunca ha venido a consultarme ni la gripe, ni la hepatitis, ni la diarrea, ni ninguna otra enfermedad. Ya que atiendo seres humanos. “Nadie desearía ser médico por un simple “algo”, por el mero organismo: sólo se puede querer ser médico por la persona que lleva su respectivo organismo enfermo; por la persona que no “es” enferma sino que “tiene” una enfermedad. Yo trato a la persona en su enfermedad; no la trato por el organismo, sino que trato el organismo por la persona” (1).
Gabriel J. Castellá - Psicoterapeuta, Médico y escritor
Los médicos asistimos y se acercan a consultarnos PERSONAS a las que, por supuesto, podemos y debemos brindarles cuidados, es decir curarlas. Curar, en realidad, significa cuidar, atender, tener hacia el prójimo una actitud solícita pero no significa sanar. Se concluye a partir de lo expresado que todas las enfermedades son incurables, no así las personas que las padecen.”(2)
(1) Frankl, Victor, E. , “El Hombre Doliente”, pág. 133, Editorial Herder, 1987.
(2) Gabriel J. Castellá, “Paradojas existenciales”, Editorial San Pablo; 1997;




