Muchas veces, para implementar la prevención primaria, debemos tomar medidas de protección como el uso de cinturones de seguridad o de un casco al andar en bicicleta. Otro ejemplo es evitar determinados tóxicos ambientales como el humo del tabaco, o aquellos que pueden provenir de una estufa en malas condiciones como es el caso del monóxido de cabono.
Pero en ciertas ocasiones, para evitar determinados daños en nuestra salud, debemos tomar actitudes proactivas. De ellas, uno de los mejores ejemplos es la práctica regular de algún tipo de actividad física*. Por eso y para argumentar en contra del derrotero hegemonizante del sedentarismo, voy a mencionar algunos de los beneficios que nos brinda la práctica regular de cualquier tipo de ejercicio físico.
Para empezar, habría que aclarar que para lograr mejoras en nuestra salud, lo ideal es realizar por lo menos media hora de actividad aeróbica (caminar, nadar, bailar, correr, practicar algún deporte, etc) entre 3 a 5 veces por semana. Según la intensidad y frecuencia con que se practique, y en contraposición a una vida sedentaria, el ejercicio físico mejora la calidad de vida y aumenta la esperanza de vida entre 10 y 20 años (1).
A su vez, si pensamos en nuestra salud cardiovascular, cuanto mayor y más regular sea la actividad física, menor será el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, un infarto cardiaco, o un daño crónico en las arterias coronarias. Para citar un ejemplo, una persona que realiza regularmente una actividad deportiva moderada, durante por lo menos 30 minutos por día tiene un 23% menos de riesgo de morir que aquellos que no realicen esa actividad (2).
En relación a las grasas circulantes en sangre, el ejercicio produce un descenso del llamado “colesterol malo” o LDL; así como un aumento del “colesterol bueno” o HDL (3), fortaleciendo indirectamente la salud tanto del corazón como de las arterias del organismo.
Si la idea es bajar algunos kilos de más, la actividad física acompañada de una dieta apropiada, genera una mayor reducción de la grasa corporal y un aumento de la masa muscular; en comparación con la realización de un plan nutricional hipocalórico, que NO esté acompañado de algún tipo de ejercicio físico. (4)
Con respecto al cáncer, la actividad física produce una disminución de la incidencia del carcinoma de mama, colon, páncreas y próstata (5), así como una mejoría en la calidad de vida de los pacientes sometidos a tratamiento quimioterápico.
Una revisión de múltiples estudios clínicos, demostró que la actividad física regular y de intensidad moderada, como puede ser caminar a paso ligero; en comparación con un hábito de vida sedentario, disminuye el riesgo de desarrollar Diabetes. (6)
Para todo aquel fumador que desea mejorar su calidad de vida, dejando de lado ese hábito tan corrosivo y daniño; el ejercicio puede ser un gran aliado. Por un lado, facilita el cese tabáquico, siempre que esta intervención sea acompañada de un programa multidisciplinario de tratamiento; y por el otro, disminuye el incremento de peso secundario al abandono del cigarrillo. (7)
Por último, cabe mencionar que las personas que realizan actividad física de manera frecuente tienen una menor incidencia de deterioro congnitivo y de Enfermedad de Alzheimer en comparación con aquellos que no realizan ningún tipo de ejercicio. (8)
Las ventajas mencionadas, son tan sólo algunas de las tantas y tal vez aún desconocidas que nos puede dar la actividad física. Sólo hay que hacerle un lugar para practicarla y ponerse en movimiento para poder aprovechar y ganar, día a día, una mejor calidad de vida.
Referencias y aclaraciones:
* Si bien el concepto de “actividad física” (todo movimiento corporal producido por la contracción muscular que incremente el gasto energético basal) y el de “ejercicio físico” (que es la actividad física planificada y sistemática con el fin de mantener el estado físico) no significan lo mismo los utilizaré como sinónimos para facilitar la lectura del texto.
(1) Medicina Familiar y Práctica Ambulatoria – Dr Adolfo Rubinstein – Dr Sergio Terrasa – 2da Edición – Panamericana Ediciones – Capítulo: “La Práctica del ejercicio, sus beneficios y riesgos y algunas definiciones”
(2) Up to date 16.3 – “Exercise and fitness in the prevention of cardiovascular disease”
(3) Up to date 16.3 – “Effects of exercise on lipoproteins and hemostatic factors”; “Participation Rates, Fitness, and Lipoproteins in Men and Women Aged 50 to 65 Years” – Abby C. King, PhD; William L. Haskell, PhD; Deborah R. Young, PhD; Roberta K. Oka, DNSc;Marcia L. Stefanick, PhD – Circulation -1995;91:2596-2604
(4) Up to date 16.3 – “Role of physical activity and exercise in obesity”
(5) Up to date 16.3 – “Overview of the benefits and risks of exercise”(6) Up to date 16.3 – “Prediction and prevention of type 2 diabetes mellitus”
(7) Up to date 16.3 – “Behavioral approach to smoking cessation”
(8) Up to date 16.3 – “Prevention of dementia”






