Querido Santa Claus, antes que nada quiero pedirte perdón por tantos años sin escribirte, he tenido algunos inconvenientes y muchos han tratado de convencerme de que tú no existes.
Ésta carta mas que una petición es una advertencia. Durante toda mi vida JAMAS me cumpliste a cabalidad con un obsequio, fue tanta tu ineptitud que hace unos años mis padres tuvieron que poner el regalo bajo el Árbol de Navidad, lo sé porque los vi haciéndolo. Y es increíble para mí que te quede grande algo tan sencillo como eso.. es que no me explico, puedes hacer que unos cuantos renos levanten tu ya muy obeso trasero pero no puedes pintar un puto carro de rojo?!
Éste año solo quiero una cosa, y debe ser muy fácil para ti cumplirla. Tranquilo, no sera ni la paz mundial ni acabar con el hambre de los niños del mundo, eso se lo dejo a la Miss Universo. Quiero que en vez de fabricarme un juguete me fabriques a la persona perfecta, pero no perfecta para Ellos, perfecta para mí.. que le guste lo alternativo, que tenga un pensamiento distinto al resto, que lea, que sepa algo sobre cualquier cosa pero que lo sepa, que no tenga pelos en la lengua, que sea libre y que la opinión del resto le chupe un huevo, que sea.. que sea como yo. Sí querido Santa, quiero un doble.. pero uno bueno! ni mas blanco ni mas trigueño ni mas alto ni mas bajo, así tal cual como soy yo.
He querido ser breve, y ojala no esperes ni galletas ni leche, no te las mereces. Y para estar seguros de que ésta vez no me vas a salir con cualquier pendejada mal hecha y a la carrera te estaré esperando junto al Árbol de Navidad. Te quiero acá puntualmente a las doce! Ni un minuto mas tarde, no me gusta esperar y te juro que no me quieres ver de mal genio.
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Con cariño, Rafael
PD: Ya sabes cabrón a las doce, ni un minuto mas tarde! ¬¬
ESCRITOR INVITADO: Rafael Mejía
Amante de la música, los malabares, el teatro y la escritura. Desde niño fue el ‘raro’ de la clase. No salía a recreo, para qué? tenía en su mochila todo lo que necesitaba para distraerse, un buen libro.




